
«Arte Povera»
El Arte Povera surgió en Italia en 1967, cuando se efectuaron dos importantes exposiciones en Turín en las que participaron diversos artistas representantes de esta modalidad. La denominación de Arte Povera se debe al crítico Germano Celant, y sirve para aludir a toda una serie de manifestaciones que se caracterizan, principalmente, por el empleo de materiales pobres.
El objetivo de Celant consistía, ante todo, en re lanzar de nuevo a Europa frente al poder del arte americano que, en los años sesenta, se había impuesto de manera indiscutible. Según el crítico italiano, el término Arte Povera poseía un carácter de "antidefinición» y debía situarse siempre en relación al contexto sociopolítico de la etapa 1966-1968. Aunque en un momento iniciar se hablara del movimiento Povera como algo específicamente italiano, más tarde se advirtió que otros artistas europeos, como Joseph Beuys o algunos de los representantes del Land Arty del Body Art, tenían puntos de contacto con la ideología del Arte Pobre en Italia. En cualquier

Jannis Kounellis
Los precursores Al abordar el tema del Informalismo en Europa ya se habló de la importancia de artistas italianos como Alberto Burri y Lucio Fontana. Ambos pueden considerarse como precursores del Arte Povera. El primero empleaba tela de arpillera que, a causa del tratamiento al que se la había sometido, llegaba a parecer un material de desecho. En cuanto a la pintura espacialista de Fontana, aparte de ser casi siempre monocromática, integraba el orificio como elemento esencial de las composiciones. La austeridad de la obra de este artista es uno de los factores que permiten considerada como precedente de la de ciertos artistas "pobres».
Aparte de los informalistas italianos, existe otro artista que quizá se halla todavía mucho más próximo no sólo a la estética povera, sino también al contenido que pueda desprenderse de la obra de los artistas de esta tendencia. Se trata de Piero Manzoni, amigo de Yves Klein y de los nuevos realistas franceses, y que, en ocasiones, llegó a exponer con ellos. La obra de Manzoni, que murió a los treinta años, en 1963, no es demasiado abundante, pero en cambio abarcó terrenos muy diversos. De todas sus realizaciones, la que más difusión tuvo fue, sin duda, la célebre Mierda de artista, constituida por latas en las que Manzoni había colocado su propia defecación. Una vez rotuladas, se dedicó a enviarlas a las galerías italianas. Se trata de un acto que retorna la ironía duchampiana, pero que, al mismo tiempo, va mucho más allá porque implica un manifiesto rechazo del mercantilismo artístico que, en aquellos momentos, estaba experimentando un auge extraordinario.
En otras ocasiones, Manzoni trabajó con materiales inusuales en el ámbito de la pintura, como se advierte en sus Panecillos acromáticos, obra en la que utilizó una serie de panecillos, dispuestos en franjas perfectamente ordenadas sobre un soporte, y que pintó después de color blanco. En este tipo de realizaciones se distingue una cierta conexión con la de su amigo Klein, sobre todo en el reiterado recurso de la monocromía. La presencia de este tipo de actividades en el ámbito italiano favoreció el hecho de que, algo más tarde, un nutrido grupo de artistas se lanzaran a la investigación de nuevos comportamientos sin dejar de lado las experiencias de sus inmediatos precursores.

Los principales representantes del Arte Povera
Los artistas que inicialmente formaron parte de la tendencia del Arte Povera en Italia fueron Giovanni Anselmo, Alighiero Boetti, Pier Paolo Calzolari, Luciano Fabro, Jannis Kounellis, Marisa Merz, Mario Merz, Giulio Paolini, Pino Pascali, Giuseppe Penone, Michelangelo Pistoletto y Gilberto Zorio.

Dentro de este numeroso grupo, cuyos componentes pertenecen a generaciones distintas, destaca, por su significación, la obra de algunos de ellos. Tal es el caso de Mario Merz (1925), cuyos comienzos como pintor informalista se sitúan en los años cincuenta. La transformación más importante en el modo de concebir la obra tuvo lugar a mediados de los años sesenta, cuando empezó a interesarse por el entorno y a tener en cuenta todas las posibilidades inherentes a la actividad creadora, sin limitarse a un solo modo de expresión.
Las primeras obras de este período surgieron al confrontar, de manera insólita. objetos y materiales encontrados. Su Homenaje a Morandi, que puede considerarse como un auténtico precedente de obras posteriores, estaba constituido por una botella y un vaso, rodeados por un tubo de neón. Uno de los factores esenciales en el arte de Merz es el hecho de que el artista trabaja teniendo en consideración el contraste de los materiales opacos y trasparentes. El empleo casi sistemático del neón implica una valoración importante no sólo de la luz que desprende, sino de la energía que lleva implícita.
La obra más famosa de Merz, la que realmente escapa al concepto tradicional de escultura para situarse en el terreno de una ambigüedad manifiesta, es Iglú de Giap (1968). A partir de la primera versión, Merz recurriría, en distintas épocas, a la misma estructura, la del casquete semiesférico, para trabajarla en materiales distintos, destinados a ámbitos diversos.
El significado del iglú dentro de la trayectoria artística de Merz fue esencial, pues le permitió expresar de modo sintético su pensamiento plástico. Desde un punto de vista simbólico es una toma de posición política, su deseo de no acceder ni a lo anecdótico ni a lo teatral, el carácter del iglú puede asociarse al de la cúpula, con todo lo que ello representa. Observado como configuración geométrica, posee un carácter marcadamente racional que choca con el primitivismo inherente a la construcción de los nómadas esquimales.
Merz no sólo se interesó por estos aspectos constructivos, sino que logró mostrar, a través de los materiales utilizados, que su preocupación también residía en la noción espacial. Con el tema del iglú, Merz permite que el observador comprenda cuán importante es el espacio exterior, en unas ocasiones, y, en otras, cuán significativo resulta el espacio interior.
Aunque Mario Merz emplease materiales nuevos, como los tubos de neón, las baterías acumuladores, no dejó de utilizar otros materiales que ya tenían una tradición en el arte del siglo xx, como los que aparecen en el citado Iglú de Giap (los saquitos de arena y el armazón metálico sobre los que los situó).
Entre los múltiples iglúes que ha realizado, el que data de 1977-1985, aparece configurado por planchas irregulares metálicas, vidrio desigualmente cortado y focos lumínicos. A esta versión la tituló Noí gíríamo íntorno alle case o le case gírano íntomo a noí?
En otras realizaciones Merz integró, además de pintura sobre tela y los habituales tubos de neón, ramas encontradas en un bosque, como en Cosí finísce atteso sul vetro (1978), que implicaban cierta postura ante la importancia de la naturaleza.
Al contemplar este tipo de obras resulta evidente su alejamiento de las manifestaciones minimalistas norteamericanas, en las que los materiales industriales jamás se unen con materiales encontrados. La tradición de objeto encontrado e integrado en el ámbito artístico, que se remonta a las realizaciones de Schwitters, posee, sin duda alguna, connotaciones románticas que también se hallan implícitas en la obra de algunos “Povera”. El Minimalismo, en cambio, valora la frialdad máxima y el distanciamiento de todo aquello que se pueda vincular al ser humano.

Jannis Kounellis
Otro de los representantes más significativos dentro de la modalidad italiana fue Jannis Kounellis (1936), que, procedente de Grecia. Se instaló en Roma en 1956. Aunque Kounellis empleó materiales absolutamente insólitos -carbón, algodón, materiales de desecho procedente de derribos, sacos llenos de cereales o de café, fuego, etc.-, así como animales vivos o fragmentos de animales muertos, e incluso gas, sus actividades han de entenderse siempre como las ejecuciones de un artista pintor. Partía de la tradición bizantina y utilizó, muy a menudo, el pan de oro, que posee la capacidad de concentrar la energía, a la vez que se concierte en un poderoso elemento de irradiación lumínica.
En una pieza Sin título que efectuó en el año 1967, empleó una plancha de acero esmaltada en la que insertó una percha para colocar un loro vivo que estaba atado con una cadena. Le interesaba mostrar el efecto plástico del animal con su plumaje coloreado sobre el fondo liso y brillante. En realidad, se trataba de un efecto similar al que pudiera provocar una obra pictórica.
En esa misma época, Kounellis experimentó con fuego, y hacía que surgieran llamas de paneles metálicos horadados. Una de las realizaciones más impactantes, efectuada en 1969, fue la disposición de doce caballos vivos en la galería de l'Attico, en Roma, entre paredes blancas. A través de esta instalación deseaba producir una tensión lo suficientemente fuerte como para "crear una ruptura en la comunicación del arte", según sus propias palabras.
En cualquier caso, la obra de Kounellis siempre es impactante, a veces incluso agresiva o brutal. En ella, los elementos que la constituyen se presentan al natural, sin modificaciones, y eso les confiere un carácter, dentro de su descontextualización, marcadamente directo y que tiene el poder de afectar.
Otros artistas «Povera»
Luciano Fabro, a quien Celant llama amistosamente Homo Fabro, empezó, hacia 1963, a realizar obras con vidrio en las que destacaba el carácter de la transparencia del material y el fenómeno del reflejo. A partir de la lectura y de la profundización de la obra filosófica de Wittgenstein, Fabro se introdujo en la experimentación con diversos elementos extraídos del entorno real.
Es un artista que otorgó gran importancia a los materiales, investigando las posibilidades de conjugación de los más diversos. Entre los materiales de carácter resistente que utilizó para sus ejecuciones destacan el acero, el hierro, el bronce o la madera; de tipo dúctil son el cobre, el latón, el plomo o el aluminio; a veces empleó también telas o trozos de piel de animales, y plantas. En Edera (1969) dispuso, sobre una plancha de vidrio enmarcada en plomo, hiedra, distribuida bastante ordenadamente por toda la superficie. En ésta, como en otras obras suyas posteriores, Fabro otorga un valor primordial a los contrastes de color.
En el arte de Gilberto Zorio también está presente el interés por los aspectos cromáticos, exaltados por el empleo de materiales realmente insólitos, como algunos de carácter volátil, como el fósforo, el azufre o los ácidos. Al emplear crisoles y alambiques, junto con focos lumínicos diversos, creó ambientes cargados de energía.
Giuseppe Penone efectuó sus primeras obras en el bosque de Garessio, situado entre el Piamonte y Liguria. En 1968 realizó una obra en la que clavó, en el tronco de un árbol, una copia exacta de su mano, hecha en fundición de hierro. Con el transcurso del tiempo, la obra quedaría plenamente integrada en el elemento natural.
En la mayor parte de sus creaciones ambientales posteriores, Penone empleó elementos extraídos del entorno natural, como tierra, plantas o troncos y los enfrentó a otros creados por él con materiales diversos, principalmente bronce o tierra cocida. La relación artificial-natural se establece de un modo sencillo y resulta fácil descubrir el gran interés que el artista siente por el entorno.
Giovanni Anselmo prefirió la confrontación de elementos extraídos entorno cotidiano, que se caracterizan por su gran simplicidad y por su pobreza, como el aserrín, el algodón, sacos, placas de vidrio, etc. En ocasiones construyó extraños objetos en los que se aprecia el deseo de subrayar los contrastes acusados de los materiales, como en Respiro (l969), pieza constituida por dos vigas de hierro unidas mediante una esponja. Michelangelo Pistoletto se decantó, en 1969, por efectuar acciones como la que se titulaba genéricamente Lo zoo, dentro de la cual se daba la máxima importancia al ser humano. En El hombre amaestrado efectuaba una serie de actividades, sentado en plena calle, frente a un montón de trapos y prendas de vestir. Más tarde, evolucionó hacia la creación de instalaciones, entre las que destacan, por la fama adquirida, las de los espejos. La disposición de los mismos en ambientes distintos crea efectos ilusorios espaciales de gran riqueza, pese a la pobreza de medios. Según él, es la perspectiva la barrera que hace falta superar.
Fuente:”historia universal del arte”últimas tendencias. Lourdes Cirlot. Editorial Planeta.1994
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ResponderEliminarBuenas tardes. Estoy haciendo un trabajo sobre el arte povera y me gustaría saber si tiene alguna relación con el sector audiovisual en alguna obra o algun autor.
ResponderEliminarGRACIAS
carolina.afm@hotmail.com
hola, carolina
ResponderEliminarla verdad es que no tengo conocimiento sobre lo que me consultás.
pero si llegas a indagar y a conocer algo ,me interesaría tambien leer o ver si te interesa compartirlo.
gracias
marina